domingo, 21 de agosto de 2016

Crónica I Recreación de la trilla. Purujosa 2016.



Éxito. Si tuviéramos que escoger una palabra para definir la experiencia de la I Recreación de la Trilla tradicional en Purujosa elegiríamos esa definición en todas sus acepciones. Éxito personal de un visionario como Antonio, que contra viento y marea hizo su sueño realidad. Éxito colectivo, de todo el pueblo, de todos los que tomaron el testigo de Antonio y colaboraron con él para que precisamente evento tuviera éxito. También fue un éxito de participación, logrando que gracias a la iniciativa fuera un día más de fiestas, con tanta gente por las calles como para las celebraciones patronales. Y por supuesto, éxito de la propia iniciativa en si, logrando recrear una jornada de siega, trilla y aventar, actividades que han marcardo la historia de nuestra tierra desde hace siglos y que ya solo recuerdan los ancianos. El recuerdo de un tiempo pasado no tan lejano.


Solo por ver la mirada ensimismada de un niño siguiendo el trotar de la caballería junto a su abuelo, cuyos ojos delatan la nostalgia de la juventud perdida, pero que al volver la mirada hacia la sonrisa de su nieto piensa con alegría en el futuro, podemos decir que el esfuerzo valió la pena. 


La jornada comenzó temprano en la altiplanicie de Beratón, donde el cereal, que madura tan tarde por los rigores de la altura, sigue siendo parte importante de la economía local. Al fondo pasaba una gran cosechadora mientras Juan Francisco afilaba la dalla. Zoqueta y hoz en  mano, con la faja sujetando los riñones y el sombrero protegiendo del inclemente sol, comenzó la siega. 



Mientras cargábamos el pintoresco 4x4 de Florentín con los voluminosos fascales que complementarían los que ya habían bajado el día anterior con la ayuda del camión de Kike de Calcena, recordábamos canciones de antaño:

Ya vienen los segadores
de segar de las castillas
sucios, rotos, sin dinero
y sin carne en las costillas

Las mismas canciones que tenía preparada la rondalla de Purujosa a nuestra llegada al río: "Madruga la espigadora, morena!". Al ritmo de los guitarros se preparon las cinchas, bastes y demás aperos para que las caballerías subieran la mies hasta la era, donde les esperaba el trillo que previamente se había mojado para que se hinchara la madera y no saltaran las piedras.


A pesar del inclemente calor, el público se agolpaba expectante en el barandao de la calle para ver el inicio de la trilla. Pero el comienzo no fue fácil. Nadie nace aprendido en esta vida, animales novatos en la faena a los que les costó coger el ritmo y trilladores inexpertos que fueron asesorados por las personas más mayores del lugar para que finalmente todo saliera bien.




Al mediodía, el rumor del agua y la sombra de los chopos suavizaban las altas temperaturas en el merendero del río, donde los amigos del albergue sirvieron una excelente comida.Tal fue el éxito de asistencia, que la merienda popular y posterior verbena nos recordaban a San Ramón o la Virgen. Un buen ambiente de fiesa para celebrar que la trilla había salido bien. El frío aire que soplaba al acostarnos anunciaba un buen día para abentar al día siguiente. Nada más lejos de la realidad.

Por más que hacíamos tiempo, la bandera de Aragón no ondeaba. Pero había que intentarlo. Había que cumplir con el programa, era necesario inmortalizar con las cámaras todas las fases del proceso de obtención de grano. Así, aprovechando las escasas rafagas que soplaron a lo largo de la mañana, separamos la paja y el grano.

De nuevo en el río, degustamos las exquisitas migas del albergue y en la sobremesa disfrutamos de la entretenida actuación  de Rocio "la salada de Mallén", que con su bella voz invitó a sumarse al micrófono a los vecinos, que probaron fortuna (en algunos casos con gran estilo) en las interpretaciones musicales.

En definitiva, un fantástico fin de semana de fiesta y recuerdo de las tradiciones.