Sabía que existía por la tradición oral pero nunca la habíamos visto. El otro día, mientras Antonio "Pistolo" regaba las flores de la Iglesia le pregunté: "¿Parece que hay un sendero aquí abajo" y el me respondió: "Si, Antonio "el casetero", que ha puesto una sirga para poder llegar al covacho de los ratones".
Sin pensarlo bajé por la Calle la Corte y me fui a verlo. Se nota que han puesto cariño para hacerlo visitable. Hasta unos escalones improvisados. Y sobre todo la cuerda, puesto que el lugar tiene peligro dado que hay una caida hacia el rio que resultaría mortal o casi.
El covacho no tiene ni mucha profundidad ni formaciones, pero tiene su encanto. Desde unas viejas albarcas y botellas allí encontrdas. A una pequeña galería colmatada de escombro. Pasando por la seguridad de que en momentos de lluvias fuertes por aquí tiene que salir agua. Un descubrimiento nuevo. O mejor dicho, un redescubrimiento, por el covacho siempre estuvo allí y los viejos bien lo conocían.



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