Purujosa es apenas una mota de polvo en el mapamundi. Pero en esta sociedad de la información, en el tiempo de la aldea global, hasta el retiro de la montaña llegan las noticias que suceden en el mundo.Y no conozco mejor lugar, bajo el trino de los pájaros y las soledades de los barrancos para desempolvar los Annales de la historia que nos permitan comprender lo que ha ocurrido:
Tras el atentado
de París, el historiador reflexiona, se sobrepone a la profunda tristeza del
acontecimiento que le nublaría el juicio racional. El historiador, con lagrimas
en los ojos, busca las causas
estructurales a este sanguinario suceso. Entonces, el historiador vuelve la
mirada hasta el siglo XIX, al colonialismo occidental sobre los demás países
del globo, el origen de las primeras guerras geopolíticas de las potencias
europeas y germen de la mayoría de los conflictos bélicos que persisten en la
actualidad. La memoria colectiva es frágil, pero el historiador tiene la
obligación moral de recordar a sus conciudadanos que aquellos inmigrantes que
se ahogaron entre disparos de la Guardia Civil frente a la valla de Melilla,
huían de la pesadilla que comenzó cuando sus tatarabuelos fueron encadenados y
esclavizados en campos de algodón en una plantación de un terrateniente de
Carolina del Sur.
Pero el
historiador sigue escavando en el pasado en busca de la verdad. Abandona los
estratos decimonónicos y piensa en un ejemplo paradigmático: Oriente Medio. El
descubrimiento del petróleo en esa región dio inició al “Gran Juego” (expresión
popularizada por Kipling en su novela Kim), es decir, el reparto del territorio
que va desde la India hasta Palestina, entre las superpotencias occidentales.
Con el tiempo, la
ocupación militar dio paso a fórmulas más sutiles de dominio como la operación
Ajax orquestada por la CIA en 1953, que consistió en el derrocamiento de los
líderes políticos partidarios de nacionalizar los recursos petrolíferos,
poniendo en peligro las ingentes ganancias de las multinacionales occidentales.
El Sah de Persia se convirtió en un emperador al servicio de occidente,
mientras la desigualdad social crecía entre su pueblo. Sin embargo, este fue el
caldo de cultivo del integrismo religioso: El Ayatola Jomeini, líder religioso,
logró movilizar a los iraníes a través de la denuncia a EE.UU. por su apoyo al
régimen autocrático que vivía su país. De este modo, la revolución islámica, el
crecimiento del integrismo y la inclusión de Irán en el denominado Eje del Mal
por el presidente George Bush, tiene origen en último lugar, en el propio
intervencionismo americano y su apoyo a los dictadores locales para expoliar
los recursos del país.
En la actual
crisis humanitaria de los refugiados, son muchos los que huyen del integrismo
de los Talibanes en Afganistan. Pero ¿Cómo hemos llegado a esta situación de
radicalismo religioso? De nuevo el historiador desempolva el pasado para que la
luz de la razón ilumine su comprensión del presente. Focalicemos nuestra
atención en los años 80, en el marco de la Guerra Fría, donde la URSS apoyó a
las fuerzas armadas oficiales del Estado
socialista (en 1978 la revolución de Abril había acabado con el régimen
autoritario heredero de la monarquía preexistente) mientras EE.UU. financió y
armó a los yihadistas Muyahidines. Tras
la caída de la URSS en 1992 se estableció en Afganistán un Estado Islámico al
mando de la facción de los Talibanes. No deja de ser paradójico que Osama Bin
Laden, quien en 2001 atentaría contra las Torres Gemelas, fuera financiado y
entrenado por la CIA en el marco de la Guerra de Afganistan para desestabilizar
a la URSS. La paradoja alcanza dimensiones caricaturescas (sino fuera por las
miles de vidas que ha causado) cuando uno visiona el documental de Michael
Moore Fahrenheit 9/11 y descubre que
la familia del presidente Bush, quien iniciaría la Guerra de Afganistán tras
los atentados, tenía fuertes vínculos económicos a través de compañías
energéticas con la propia familia de Osama Bin Laden.
Algo similar ocurrió
en Irak. Los reyes iraquíes recibían su formación en Inglaterra y eran meros títeres
de occidente. En este marco surgió el denominado socialismo árabe, con una idea
nacionalista panárabe (enfrentada a occidente y a otras minorías étnicas de la
región) y una ideología política opuesta el integrismo islamista. Así, tras un
periodo de inestabilidad, en 1979 Sadam Husseim tomó el poder. Se inició
entonces la Guerra entre Irak e Irán (Irak buscaba la recuperación de su salida
territorial al mar, que había perdido con las divisiones territoriales que fijó
Gran Bretaña en su área de influencia en Oriente Medio) donde Saddam recibió el
apoyo de EE.UU. quien buscaba recuperar el control de los pozos de petróleo
iranís tras perder su influencia sobre el país después de la revolución
islámica. EE.UU. parecía no tener impedimentos en apoyar un régimen que al
mismo tiempo estaba cometiendo el genocidio Kurdo, gasificando a la población
civil de esa minoría étnica.
Sin embargo, los
aliados pasaron a ser enemigos cuando los afanes imperialistas de Saddam no
siguieron los dictados americanos. Cuando Irak invadió a su vecino Kuwait para
controlar la extracción y precio del petróleo, EE.UU. inició la Operación
Tormenta del Desierto que sería el precedente de la definitiva invasión del
país en 2003, so pretexto de la supuesta existencia de armas de destrucción
masiva, falacia que escondía meros intereses económicos.
De aquella foto
del trío de las Azores (Bush, Aznar y Blair iniciando una campaña militar
imperialista sin respaldo de la ONU) vino el caos de la guerra civil entre
suniés y chiiés, los atentados de Atocha, la expansión del Estado Islámico y su
integrismo que llevó al desplazamiento de miles de refugiados que hoy se
agolpan en Europa huyendo del terror, la prolongación de la Yihad a los países adyacentes (más de
cuatro años de Guerra Civil en Siria, donde occidente ha hecho equilibrios de
ambigüedad para justificar el derrocamiento del tirano de Al Assad ocultando la
financiación a los yihadistas) y por último el día de ayer en Francia. Los
mismos yihadistas que en su día sirvieron a occidente en sus intereses
geopolíticos en Asia y África, hoy se vuelven, como era de esperar, contra
ellos.
El problema
radica en que estas acciones pueden llevar a identificar erróneamente a los musulmanes
con los Yihadistas, a confundir a las victimas (la mayoría de los que mueren y huyen
de ese horror que es Oriente Medio son musulmanes) con los verdugos, olvidando
la parte de responsabilidad que tenemos los occidentales, al consentir las
acciones imperialistas de nuestros gobiernos. Si la reacción es el aumento de
la xonofobia y el crecimiento de la extrema derecha, demostrará que no hemos
comprendido la causa del problema.
Quien siembra
vientos, recoge tempestades. El problema está en que el aguacero recae siempre
sobre los mismos, los inocentes que caminan bajo la lluvia en París o en Kabul,
en Atocha o en Bagdad. Los que enchufan el ventilador del odio, tienen grandes
paraguas económicos que les protegen de la lluvia (de bombas) que ellos mismos
fabrican. Ya lo dijo el Califa de Córdoba tras perder a su hijo bajo las bombas
americanas de Bagdad: “Malditas las guerras y los canallas que las hacen”. Por eso, hoy más que nunca, debemos recordar aquel ideal de la revolución francesa, porque más de doscientos años después, todavía hay que luchar por un mundo donde exista la "LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD".











